La boda de Paula y Álvaro en el Huerto de Santa Amalia

“Nos conocimos en un bar de copas, cada uno iba con su grupo de amigos, y cruzamos las miradas, en ese momento salto una chispa. Cambiamos los teléfonos y a partir de ese momento comenzaron las cervezas, las cenas, los paseos… y surgió el amor”.

El día 29 de junio a las 18:00, en la Iglesia de La Compañía de Jesús, Paula y Álvaro se dieron el sí quiero.

Teníamos claro que queríamos una iglesia bonita, que la Misa y el Sacramento cobraran importancia en un día tan especial para nosotros. Un día, paseando por las estrechas calles del centro de Valencia, escuchamos la melodía de un órgano que provenía de esta iglesia, y no dudamos en entrar a curiosear. Fue en ese momento cuando caímos rendidos ante la majestuosidad del edificio, del imponente órgano y de la solemnidad que se respiraba allí. No tuvimos duda y nos apresuramos a reservar la fecha”.

Paula lució un diseño de Luis Rocamora. “Me conquistó con su trato desde el minuto uno y hasta el último segundo. Me ayudó a aclarar mis ideas con respecto al diseño, siempre se mostró cariñoso y cercano, y estuvo conmigo hasta el día del sí quiero, ¡incluso vino a la iglesia para ayudarme a colocar el velo! Le volvería a elegir mil veces más”. Se trataba de un vestido de crepe sencillo, con encaje en las mangas, cintura y espalda, con un escote pronunciado en la espalda, diseño de Luis Rocamora. Tanía algo especial: se transformaba. Las mangas se quitaban, de forma que ella pudiera disfrutar de la fiesta. La mantilla era una pieza única de encaje de brujas.

Moret Joyeros fueron los encargados de elaborar la tiara y los pendientes orientales del siglo XIX que Paula lució.

El peinado que la novia escogió fue una larga trenza, hecha por Félix, de Bigudíes. Esperanza Serrano se encargó del maquillaje, “además se encargó de ayudarme con la transformación del vestido y me cambió el maquillaje a mitad de noche. Fuera mangas, unas sombras más oscuras y labios rojos fueron el pequeño toque que provocó un cambio radical de look”.

Los zapatos escogidos por la novia fueron unos tacones de piel de color rosa, de Solepiel. Toni Barceló fue el diseñador del chaqué negro, camisa y corbata azul, combinado con un chaleco crudo jaspeado.

Para celebrar el convite con sus trescientos invitados, la pareja escogió el Huerto de Santa Amalia, en Alzira. Se trata de una finca entre naranjos, propiedad de Amelia Guich Lamo de Espinosa, madre de Álvaro. La pareja contó con los consejos de Grupo El Alto para la organización de la ceremonia.

La boda tenía un toque rústico, con marcado carácter valenciano. Todo giraba en torno al huerto y a los naranjos: las invitaciones estaban decoradas con motivos cítricos y flores de azar, durante la ceremonia se cantó el Himno de la coronación de la Virgen de los Desamparados, se recibió a los invitados con Agua de Valencia, el convite se celebró en medio de un huerto de naranjas, y la interpretación de Francisco, que fue uno de nuestros invitados, del himno regional al acabar la cena fue la guinda del pastel.

El equipo de Atelier de la Flor nos ayudar a llenar de verde, limones y naranjas cada rincón del banquete, el corner de Agua de Valencia y el seating plan estaban espectaculares, al igual que las mesas, donde se combinaron centros altos y bajos donde dominaba el verde de diferentes tonalidades, el amarillo y el blanco”.

Un grupo de jazz se encargó de amenizar el cóctel.

Uno de los momentos más románticos de la celebración fue cuando la pareja entró al convite con la canción “No puedo vivir sin ti”, con la que Álvaro le pidió matrimonio a Paula, guitarra en mano, en un parador de Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja.

Paula y Álvaro abrieron el baile con el Waltz No. 2 de Shostakovich.

De las fotografías se encargó Luis Alarcón, y Alfonso Calza hizo el vídeo.

Como viaje de novios, la pareja pasó 25 días viajando por Asia. Visitaron Singapur, Bali, Bangkok, Sri Lanka y Maldivas.

Acabo el post con las palabras de Paula:

El poder disfrutar de un día tan importante con todos tus seres queridos, amigos y familia es un recuerdo que no vamos a olvidar nunca. El ver a todo el mundo feliz, con una sonrisa en la cara en cada momento, es un sentimiento difícil de explicar, suponemos que es pura felicidad”.

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